Eficiencia en la agricultura. Clave en la mitigación de la crisis alimentaria mundial

Entre “El futuro del agua se encuentra en una agricultura más eficiente”. Esa es la conclusión más elocuente que se puede destacar de las declaraciones que Jacques Diouf, director del Fondo de Naciones Unidas y Alimentación, FAO. De acuerdo con estudios y proyectos liderados por diferentes organizaciones mundiales que velan por el adecuado uso del agua en la agricultura, la importancia de generar sistemas más eficientes es la única solución eficaz para paliar la situación actual.

De acuerdo con datos de la ONU, el 70% de los recursos hídricos mundiales se utilizan en la agricultura. Reunidos en julio de 2009, líderes de los 8 países más industrializados (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia) conocidos como G8, hicieron un llamado mundial para mitigar los efectos de una crisis alimentaria de graves proporciones, la cual, según la FAO, afecta actualmente a una 1,200 millones de personas en el mundo.

Riego e impacto en el recuso hídrico

Un sistema de riego está constituido por el conjunto organizado de obras y artefactos cuyo funcionamiento, ordenadamente estructurado, permite completar las necesidades de agua de los cultivos y aportar una cantidad adicional al agua de lluvia. La gestión del agua en agricultura enfrenta presiones desde dos direcciones. Desde la demanda debe enfrentar procesos de industrialización, urbanización y cambios alimentarios que aumentarán la demanda de alimentos y del agua utilizada en riego para la producción.

Desde la oferta, la posibilidad de un mayor acceso al agua para riego es cada vez más limitada. Eso puede explicarse con la realidad que en las últimas cuatro décadas, la zona mundial de tierra irrigada se ha duplicado. Esta situación permitió que la seguridad alimentaria obtuviera mejoras y se lograra una reducción de la hambruna mundial. Sin embargo, el cambio climático y sus consecuencias obligan a adoptar nuevas estrategias para modernizar los sistemas de riego, que no solo debe contemplar medidas correctivas para mejorar la eficacia de sus prestaciones en un sentido hidráulico, sino también adaptarse a las innovaciones técnicas, tanto en las estructuras físicas.

Existen cinco métodos de riego: de superficie, por aspersión, por goteo, subterráneo y subirrigación. A la hora de elegir un sistema u otro, los especialistas sostienen que se deben tener en cuenta criterios técnicos y económicos, así como factores humanos. Los sistemas de goteo y subterráneo resultan ser los más eficientes, mientras que los de aspersión y superficie generan un alto consumo de agua y la salinización de tierras, con su consecuente daño al ambiente.

Riego en América Latina

A inicios de la década del año 2000 Aquasat – Sistema de Información sobre el Uso del Agua en la Agricultura y el Medio Rural de la FAO – hizo un estudio acerca del riego en la región, en el cual se estimó que en la región hay 77.8 millones de hectáreas bajo sistemas de riego, de los cuales el 66% se localiza sólo en cuatro países: Argentina, Brasil, México y Perú. Destaca el escaso potencial para incrementar el riego con relación a la superficie total de países como Argentina, Bolivia, El Salvador, Venezuela, Costa Rica y Panamá.

Los recursos hídricos superficiales son la principal fuente de suministro de agua de riego en la región, con excepción de Nicaragua y Cuba donde las aguas subterráneas abastecen el 77% y 50% de la superficie, respectivamente. “El mayor problema ambiental y económico asociado con el riego en América Latina es su uso ineficiente, la falta de adecuados drenajes y mala gestión son factores que, entre otros, están en el origen de un proceso acelerado de salinización de tierras”, concluyó Paolo Bifani en su libro Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. Esto al argumentar el investigador que la relación entre riego y alimentación es indisoluble.

Es por eso que cobra especial atención el llamado del Observatorio del Hambre en América Latina y el Caribe, con sede en Chile, para invertir en la agricultura y enfrentar el complejo contexto de crisis económica y alimentaria.

*tomado de AQUA VITAE